“De la vida no te llevas nada material, te llevas las cosas que llenan el alma y esta es una de esas.” Julio Cesar Falcioni

Una publicación en redes anunció la visita de un histórico de nuestro club. Domingo 27 en la mañana, los alrededores del Pascual empezaron a llenarse por una marea roja motivada por lo que pudiera pasar esa tarde en el terreno de juego. Poco a poco, las tribunas se llenaron, los trapos se colgaron, las banderas se ondearon; el escenario se caldeó al ritmo de salsa y bolero. Mientras el estadio alcanzaba su tope, una insignia americana iba atravesando la ciudad para volver al sitio donde encontró su consagración.

“Lo que pensé cuando recibí la invitación de América fue venir con buena vibra, esas cosas movilizan. Hice el esfuerzo de llegar para alentar y vivir esta fiesta. No atajo, no juego pero me siento parte de esta celebración. El cariño que recibí es muy importante para esto. El Pascual estaba hermoso y con la hinchada americana, perfecto.”

Días atrás, Banfield triunfó sobre Estudiantes por un marcador cerrado de 3 goles a 2, y con este aliciente, ‘El Gato’, aceptó la invitación de ver a su antigua escuadra inmortalizarse de nuevo sobre el gramado que lo vio volar varias veces. Cercano al mediodía, Falcioni volvió a pisar este mítico escenario que, aunque remodelado, aun se siente por los pasillos los gritos de victoria por las gestas americanas ahí acontecidas. Rápidamente, al ver aquella figura espigada de acento gaucho, la gente se agolpó a su alrededor.

“El primer gol se me salió la pasión. Desde que llegué a América tuve esa pasión, defendí colores como siempre pude, di todo lo mejor de mí. América es lo más importante que me hace pasado en mi vida profesional y personal porque aquí formé mi familia. Ahora, esta celebración no se compara con alguna de los títulos que conseguí porque esto es diferente. Cuando jugaba, disfrutaba en el interno del club y estaba muy aparte de lo que ocurría en el exterior. Ahora, con más años, tengo la oportunidad de observar con detenimiento la felicidad que estos momentos provocan.”

Julio Cesar Falcioni desde el año 1989 no vestía la casaca americana, esta vez, fue la primera prenda que vistió. El pentacampeonato conseguido de la mano de Ochoa, dejó una marca indeleble en las mentes de los seguidores, una leyenda que pasó de generación en generación hasta convertirse en mito: esa tarde el mito estaba vivo y se paseó por el Pascual. Los incrédulos aun dudaban de estar viéndolo caminar delante de ellos, los viejos recordaban épocas de antaño; todas las tribunas suspiraban mientras Julio abrazaba el clamor de la familia ‘Escarlata’ una vez más.

“No sé si algún día llegaré al banco de América, lo que si se es que me guardo para siempre el cariño de la gente. Tendré siempre en mi corazón este momento. Fue muy lindo estar reunido en el partido con mis antiguos compañeros, con los que conseguimos el pentacampeonato. Uno como jugador siempre piensa que va a jugar futbol porque estás en la vorágine de la juventud. Son etapas de la vida, uno va creciendo va viendo más experiencias. Una de las cosas más importantes que he hecho en mi vida ha sido ser jugador de América.”

Los jugadores ya tenían los botines puestos, el encuentro a punto de empezar. Falcioni, desde muy arriba, divisaba el espectáculo montado por la hinchada americana. Ni la bruma de las bengalas hicieron desaparecer de la vista de Falcioni el campo de juego, los sentidos del gato seguían activos. Minuto 18, Farías celebró y Julio azotaba el puño contra la mesa de la cabina desde donde veía a su coterráneo dedicarle el gol a toda la hinchada. Sin duda, la historia americana siempre ha estado teñida por la sangre gaucha, aquella que arde cuando de canchas se trata, la misma que ayudó a edificar la grandeza de América.

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